"Soy publicista: eso es, contamino el universo"

domingo, 1 de febrero de 2009 |

Hace tiempo leí un artículo que me impactó bastante. Incluía un fragmento de la novela “13.99 euros”, del escritor francés Frederic Beigbede. Estas son algunas de sus palabras:

“Me llamo Octave y llevo ropa de APC. Soy publicista: eso es, contamino el universo. Soy el tío que os vende mierda. Que os hace soñar con esas cosas que nunca tendréis. Cielo eternamente azul, tías que nunca son feas, una felicidad perfecta retocada con el PhotoShop. Imágenes relamidas, músicas pegadizas. Cuando, a fuerza de ahorrar, logréis comprar el coche de vuestros sueños, el que lancé en mi última campaña, yo ya habré conseguido que esté pasado de moda. Os llevo tres temporadas de ventaja, y siempre me las apaño para que os sintáis frustrados. El Glamour es el país al que nunca se consigue llegar. Os drogo con novedad, y la ventaja de lo nuevo es que nunca lo es durante mucho tiempo. Siempre hay una nueva novedad para lograr que la anterior envejezca. En mi profesión, nadie desea vuestra felicidad, porque la gente feliz no consume. Vuestro sufrimiento estimula el comercio. En nuestra jerga, lo hemos bautizado "la depresión poscompra". Necesitáis urgentemente un producto pero, inmediatamente después de haberlo adquirido, necesitáis otro. […] Idolatráis lo que yo elijo.[…] Creéis que gozáis de libre albedrío, pero el día menos pensado reconoceréis mi producto en la sección de un supermercado, y lo compraréis, así, solo para probarlo, creedme, conozco mi trabajo. […] Vuestro deseo ya no os pertenece: os impongo el mío. Os prohíbo que deseéis al azar. Vuestro deseo es el resultado de una inversión cuyo importe esta cifrado en miles de millones de euros. Soy yo quien decide hoy lo que os gustará mañana.

Una vez leído esto, ¿qué puedo decir? Solo sé que me encanta la publicidad: ser capaz de contar algo de una manera diferente, atractiva; convencer a la gente; ganarme su confianza; llevarla a pensar lo que yo quiero que piensen, a actuar como yo quiero que actúen. Sin embargo, sabemos cual es el objetivo final, y… ¿merece realmente la pena? A veces me lo planteo. Si me gusta influenciar en la opinión pública, preferiría que fuese hacia un fin muy distinto. No se cuál es vuestra opinión, futuros profesionales de la publicidad, pero espero que si tenéis tiempo e interés podáis contestarme.


Nuria Sánchez Corredera

1 comentarios:

Luliput dijo...

Hola Nuria:
Me parece un post asombroso jejeje, la verdad es que con todo y con eso me sigue gustando muchos ven el lado malo pero sólo unos cuantos disfrutamos del bueno.